
"(...) de pronto, inesperadamente, a pesar de que has llegado al aeropuerto con muy pocos ánimos de volar, entre otras cosas, porque no te encuentras bien -este maldito bienestar que viene y va-, en medio de las nubes, rodeada de desconocidos, te atraviesa una dulce y gozosa sensación. Ni más ni menos, la de estar viva. Si, algo tan importante que, probablemente, en casa, rodeada de los tuyos, arrullada por la música de la radio, en tu cuarto, inventando historias o ráfagas de historias, no hubieras sentido. En tu cuarto puedes sentir otra cosa, pero no esta. La súbita sensación de estar viva, de ser una de las partículas vivas que flotan en el universo.
(...) Eres, de pronto, uno de aquellos viajeros que veías en tu ciudad delante del Gran Hotel y que, imaginabas, llevaban una vida muy interesante. Si, estás dentro de esa vida interesante, ya ves.
(...) Todavía queda un momento más: en el taxi, de camino hacia el aeropuerto de esta ciudad en la que has pasado una noche como una viajera de toda la vida. Sientes que el mundo se ha ampliado un poco, que no eres exactamente como eras ayer a estas horas".
Soledad Puértolas. Felicidad viajera.
¿Alguna vez te han retratado?:
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